3 trucos para aprender a escuchar, porque «oír» no es suficiente

Es bien sabido que escuchar es un arte, especialmente escuchar activamente. Sin embargo intenta recordar cuántas veces en la última semana laboral has escuchado activamente a compañeros, jefes o colaboradores. No es fácil, ¿verdad?

Oír no es lo mismo que escuchar, de hecho la escucha activa se caracteriza por un acto voluntario gracias al cual decidimos escuchar conscientemente a través de la atención, la sensibilidad y la inteligencia. Escuchar es un elemento vital para cultivar excelentes relaciones con las personas en todos los ámbitos, pero especialmente en el ámbito profesional. ¿Porque?

En primer lugar porque escuchar es la primera actividad comunicativa necesaria para ganarnos la confianza de nuestros interlocutores y también porque hoy en día, en las organizaciones, la capacidad de escuchar se considera una de las competencias profesionales más importantes, especialmente para quienes interactúan a diario con personas, ya sean clientes, compañeros y colaboradores.

Por el otro lado, escuchar activamente, permite desarrollar empatía y utilizar con mas facilidad una comunicación efectiva y no violenta, ya que permite ponerse en el zapato del otro. Reconocer y aceptar el punto de vista y las emociones del otro, en total ausencia de juicio no es posible si no lo hacemos a través de una "escucha activa", la cual no se limita simplemente a escuchar las palabras de nuestro interlocutor sino va mas allá. Esta habilidad permite sumar la información que podemos recibir con los oídos a la que percibimos a través de la vista, para captar todas las señales de congruencia o inconsistencia del mensaje. Más del 50% de la comunicación expresada proviene del lenguaje del cuerpo de un individuo, entonces es mejor escuchar también con los ojos, precisamente porque muchas veces nuestros gestos y nuestras expresiones faciales confirman o contradicen lo que expresamos a través de las palabras.

¿Qué hacer para estimular nuestra capacidad de escuchar, especialmente en el trabajo? Sea quien sea nuestro interlocutor, puede valer la pena evitar distracciones exógenas, vale a decir externas, sobre todo si sufrimos del "síndrome de la mirada baja". La mirada que permite comprobar constantemente nuestra comprensión percibiendo las señales de otro es el mejor hábito de escucha activa que podemos implementar. También podemos hacer preguntas orientadas a la escucha, animando a nuestro interlocutor a expresarse y así crear una relación más funcional con el otro. Aplica esos tres pequeños trucos desde el próximo intercambio de comunicación.

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