Coronavirus: ¿Por qué todos creemos tenerlo?

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autor: Franz Caba

Muchos han sido los pacientes que han acudido a consulta con el temor de que han sido contagiados y que están totalmente convencidos, hasta los padecen, de que presentan los síntomas clínicos del coronavirus. Atendiendo a la demanda  alarmante de este tipo de casos, me ha parecido necesario dar respuesta a qué está ocurriendo con respecto esto, ¿por qué somos tantos los que hemos experimentado, de alguna manera, al virus en nuestro cuerpo, sin tenerlo?

Pensar que las enfermedades son únicamente orgánicas o corporales es un error que se ha venido reconociendo desde hace un tiempo. Las emociones tienen un efecto fundamental en nuestro estado de salud, intervienen en nuestra respuesta inmunológica y de esta manera pueden favorecer o desfavorecer el padecimiento de enfermedades transmisibles, como los virus. 

Tanto es el impacto que puede llegar a tener ´´la mente´´ en nuestro cuerpo que es capaz de jugar con este hasta el punto de convencerlo que ha adquirido una enfermedad y mostrar los síntomas tal cual. El hecho de que una persona sea capaz de presentar el cuadro sintomatológico de una enfermedad sin explicación médica aparente está producido por varios factores:

  • Tipo de personalidad o neurosis.
  • Exceso de información sobre la enfermedad.
  • Pánico colectivo.
  • Exposición riesgosa a la enfermedad.
  • Pertenecer a grupo de riesgo.
  • Experiencia traumática de enfermedad previa (personal o con relacionados).
  • Situación vulnerable (económica, social, personal, nacional o territorial).
  • Soledad.
  • Cambios trascendentales en la cotidianidad.

Existen varias teorías para la aparición de síntomas sin explicación médica y con origen psíquico como la somatización, el dolor empático, el Trastorno de Ansiedad por Enfermedad, Síndrome de Münchhausen (o Trastorno Facticio). Sin embargo, bajo el contexto actual en el cual nos encontramos frente a la pandemia, al padecimiento indemostrable médicamente de los síntomas conocidos del Coronavirus puede responder en algunos aspectos a lo que llamamos ´´Estrés Colectivo´´. 

El hecho de que se trate de una enfermedad transmisible, clasificada como pandemia, y que la conducta preventiva deba ser tomada por la sociedad en general, nos vuelve más propensos a desarrollar mecanismos basados en la ansiedad y en la imitación, por lo que pueden desencadenarse una serie de reflejos cerebrales en los que actúan las llamadas ´´neuronas espejo´´. Esto puede ayudarnos a adoptar comportamientos preventivos contra la enfermedad, de igual manera nos coloca en el riesgo de ´´calcar´´, incluso con exactitud, el cuadro clínico de la enfermedad en cuestión, así como imitamos reflectivamente los bostezos.

Evidentemente, cualquiera de nosotros se ha visto ante la duda de pensar que ha sido contagiado, hasta hemos sentido los síntomas divulgados por los medios informativos, nos ponemos tensos a la hora de tener que hacer salidas técnicas o cuando disminuye la distancia entre una persona y nosotros. Todo esto ocurre desde un nivel inconsciente, en el cual probablemente estemos acudiendo a cierto grado de ´´empatía´´ ante la situación, esa necesidad humana de pertenecer, de no perderse; e indudablemente estamos siendo víctimas de un estrés constante que se ha diseminado mundialmente; y no es coincidencia que el cuadro clínico del coronavirus tenga muchas similitudes con los síntomas que podemos encontrar dentro de la ansiedad o el estrés como la falta de aire o dificultad para respirar, el malestar general, y aumento de la temperatura corporal. 

Esto es realmente significativo para nuestro sistema inmunológico, el cual está estrechamente relacionado con nuestro estado psicológico y emocional a través de reacciones hormonales. Comprender esto es una herramienta clave para la preservación de nuestro equilibrio mental y físico frente a la crisis. Según estudios, se aconseja que lo más acertado en estas situaciones es mantener una sensibilidad acorde a la situación que transcurre. 

Por lo tanto, para el bienestar personal y el facilitamiento social e institucional con la sobrecarga que ha generado la pandemia, mi recomendación fundamental va encaminada al tratamiento del estrés.

Innumerables son las técnicas que podemos encontrar para manejar el estrés que esto nos causa. Las más convenientes son aquellas enfocadas en la valoración del estilo de vida, tomando en cuenta lo siguiente:

  • Dieta (baja en grasas, azúcares y estimulantes)
  • Métodos de relajación*: meditación, escucha corporal, arteterapia, músicoterapia, aromaterapia, baile o danza, escritura zen.
  • Higiene del sueño.
  • Distracción (preferiblemente que provoque risas y que no necesiten de mucha elaboración intelectual).
  • Iniciar el día sin exposición a información alarmante o estresores.
  • Ejercicio físico (preferiblemente adoptarlo como rutina).

Una gran responsabilidad ha sido puesta en nuestros hombros, somos los que estamos llamados a combatir la pandemia acatando las medidas correspondientes e intentando dentro de lo posible no convertirnos en un ente que signifique un peso a la recarga del sistema. Despertar nuestra consciencia y recobrar nuestro equilibrio emocional es el paso más importante que debemos dar contra el contagio.

(*) Ver ´´Cuaderno de Escucha Corporal Meditativa´´ de Sara Morbidi y ´´Ataques de Pánico en la Cuarentena’’ de Dra. Elba Caba descargable desde el sitio web https://saramorbidi.com/downloads/

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