Estrategia para superar la impaciencia

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La impaciencia es uno de los temas de los días actuales, ya que generalmente existe una posición ambigua frente a ella. Por un lado promovamos una actitud de tranquilidad y aceptación frente a la vida y por el otro lado el sistema nos pide velocidad. 

El hombre siempre ha tenido el mito de la velocidad: anular el espacio y ganar tiempo siempre ha sido el objetivo de toda civilización, cuyo primer signo es siempre, de hecho, construir carreteras e inventar caminos para ir más rápido. 

Formas únicas de continuidad en el espacio (en italiano, Forme uniche della continuità nello spazio) de Umberto Boccioni

Me viene a la mente la famosa escultura futurista de Umberto Boccioni, Formas únicas de continuidad en el espacio (en italiano, Forme uniche della continuità nello spazio) a través de la cual el artista quería fotografía de un ser humano a toda velocidad. La dinámica continuidad espacial, tal y como su nombre lo expresa, se funde con las partes que se están quedando atrás, revelando la complejidad del desarrollo de las superficies en el espacio visible.

Así es la velocidad una dinámica que ha favorecido el comercio, y siempre ha sido un referente también en la producción hasta que, con el capitalismo, la reducción del tiempo necesario coincidió con la compresión de costes y se convirtió en un parámetro de valor absoluto: más bienes en menos tiempo posible. Hasta llegar al colmo de inquietarnos por cinco segundos de demora en conectarnos a la red, por ya no hablar del grado de tolerancia que tenemos cuando alguien tarda en arrancar después de que el semáforo se haya puesto en verde.

¿Que nos sucede?

La ambición de la velocidad se ha convertido en prisa, llevándonos vivir en un estado de constante impaciencia. Si la respuesta no es inmediata, se desencadena la reacción. Todo eso se resume para el ser humano con una sola palabra “estrés”. Es desde este estado que desarrollamos superficialidad, ansiedad, falta de concentración, necesidad de estímulos constantes, emotividad descontrolada, dificultad de dormir y un sin numero de malestares físicos. 

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¿Qué podemos hacer?

Es importante recordar que la impaciencia es una conducta aprendida. Aunque fisiológicamente hay organismos que reaccionan con mayor dinamismo frente a las circunstancias, esto no los induce a la falta de paciencia. Son la cultura, los modelos familiares y la educación los factores que inoculan esa incapacidad para esperar o tolerar que algo transcurra lentamente.

Nos encontramos con que por un lado hay una demanda social de velocidad en todo lo que hacemos. La percepción emocional del tiempo ha sufrido grandes cambios respecto al pasado. Vivimos una auténtica hipervaloración del presente, por no comprender plenamente el concepto del “aquí y ahora”, tanto que la ausencia de resultados inmediatos suele convertirse en fuente de angustia, miedo y a veces pánico. Así, esta inundación del presente, se transforma en miedo al futuro, porque el presente va más rápido que aquello de lo que estamos pendiente y nos llenamos de ansiedad.

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La impaciencia no está en tu ADN, solo se trata de un patrón de conducta que se aprende. Por lo tanto es posible reeducar las emociones para que podamos actuar de manera más constructiva y educada. Hay diferentes maneras de lograrlo, pero una de las más eficaces es simplemente la de practicar toma de conciencia del valor del tiempo.

De lo que se trata, en primer lugar, es de tomar consciencia de nuestro ritmo subjetivo. Una vez reconocido preguntarnos si queremos desacelerar o no y sin entrar en la desesperación, enfocando nuestra atención hacia la responsabilidad y la objetividad. 

No debemos confundir la impaciencia con la incapacidad o la renuencia a enfrentar situaciones o desafíos. Hay que valor los beneficios del tiempo, sabiendo esperar a que las cosas ocurran de forma natural, como la levadura de una masa de pizza. Aprendemos a disfrutar del momento y, mientras esperamos que ocurra, disfrutaremos de muchas más cosas. 

Sin embargo hay cosas qué hacer a corto plazo y otras que solo se pueden abordar a largo plazo, en ambos casos nunca puede faltar determinación, claridad y competencia. Sin impaciencia, “Si!” y con un gran deseo de hacerlo y hacerlo bien.

De esta manera incrementarás la valiosa sensación de control sobre ti mismo/a y evitarás hacer para deshacer, decir para desmentirte, decidir para arrepentirte. Busca situaciones que te obliguen a esperar un poco. Si tu caso no es patológico, con eso basta para re-educar la espera.

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