La ira despierta la creatividad (segunda parte)

La ira es una dimensión que tiene que ver con la agresión y con la creatividad, es una tensión contra algo, un movimiento, una energia hacia el cambio.

¿Cómo se enfrentó el tema históricamente?

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Freud formula una teoría de las pulsiones, dos en particular: de la vida y la muerte (Eros y Thanatos). Estos dos impulsos gobiernan la vida del individuo, según el médico neurólogo austriaco. La pulsión de vida nos lleva a estar en la realidad, a penetrar en la realidad, a crear imaginación, a crear reproducción, a crear vida. La pulsión de muerte apunta exactamente al contrario, a la destrucción psíquica del hombre, en los momentos depresivos, al suicidio y, externamente, a la destrucción del otro. Son dos impulsos coexistentes. El hombre puede volver la agresión hacia sí mismo o hacia el mundo: hacia el mundo puede ser positiva o negativa, mientras que hacia sí mismo solo puede hacerlo de forma negativa. El problema es que tendrá que encauzarlo hacia algo ... y luego dice: "Al fin y al cabo, el hombre, todo hombre, se enfrenta a una elección terrible: ¿me mato o mato al mundo?”. El hombre posee un impulso de muerte natural que puede ser destructivo o autodestructivo.

Erich Fromm, psicoanalista judío alemán que unió los postulados de Freud con la filosofía humanista, habla de dos tipos de agresión: una que es similar a la de los animales, ataque y huida, una agresión benigna. Luego habla de una agresión destructiva malévola, maligna, dirigida únicamente a la destrucción y no contenida dentro de la agresión típicamente natural.

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Alfred Adler, psiquiatra y psicoanalista austriaco, parte desde la visión de un niño inadecuado. Habla de una presencia de insuficiencia en todo ser humano que tiende a pedir ayuda al otro, y el otro es el padre. Para él es necesario ver cuánto se escucha y se ayuda este grito de auxilio. Cuando el entorno externo apoya al niño y lo ayuda a superar su sensación de insuficiencia, crecerá sano y con una inclinación activa hacia el mundo. Cuanto menos pueda soportar el entorno familiar esta sensación de insuficiencia, más se formará un complejo de inferioridad. El complejo de inferioridad genera agresión, la mayoría de las veces incapaz de expresarse. En resumen para Adler también la agresión es un componente innato que tiende al desarrollo y espera una respuesta de contención del mundo exterior. 

C. G. Jung, como cité en la primera parte de este articulo, decía: “la agresión debe ser conocida. Una vez reconocido, debes aprender a controlarlo. Una vez que haya aprendido a reconocerlo y controlarlo, podrá gastarlo en el mundo. Cada individuo está equipado con dos leones con una correa para ser llamados en el momento adecuado”.

Las personas no siempre son capaces de reconocer su propia agresión o la reconocen pero no saben cómo utilizarla y por tanto es como si necesitaran experimentar una agresión para conocerla. Hoy en dia diríamos que le falta educación emocional.  

Donald Woods Winnicott , pediatra inglés y luego psiquiatra y psicoanalista, dice que la a idea principal de el estudio sobre la agresión es que, si la sociedad está en peligro no es tanto por el comportamiento agresivo del hombre, sino por el la eliminación de la propia agresión que se produce en el individuo. El hombre no es peligroso porque sea agresivo, sino porque elimina su propia agresión. Nos volvemos más peligrosos cuando nos hacemos bien. La agresión está presente antes de la integración de la personalidad, es decir, antes de que el niño crezca. 

Personalmente interpreto esto como una incapacidad de hacer frente a nuestra energia. Sin embargo Winnicott traer un ejemplo puntual. Imagina un bebé, este bebè da patadas en el útero, pero uno no puede pensar que esté tratando de salir. El recién nacido de unas semanas golpea el aire con los brazos, pero no se puede pensar que pretenda golpear. Muerde el pezón de su madre con las encías, pero no se puede pensar que quiera destrozar o herir. ¡Cierto! Es una experiencia instintiva. Originalmente, la agresión es casi sinónimo de actividad; es una función parcial. Son estas funciones parciales las que el niño transforma y organiza gradualmente en agresión a medida que crece. El comportamiento termina volviéndose intencional en la medida en que el comportamiento tiene un propósito. La agresión es parte de la expresión primitiva del amor. El niño realiza gestos de relación, de movimiento, que tienden a un desplazamiento intencional o semi-intencional en el espacio. A partir de estos movimientos, a través de la relación con el otro, comenzará a comprender cuán agresivos son o no estos comportamientos. Culturalmente, la agresión se desarrollará pero parte de un dato instintivo. La agresión, los movimientos, siempre tienen que ver con la relación y la relación es siempre un gesto de amor. Entonces según el pediatra británico la agresión está relacionada con el amor.

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¿Qué podemos concluir de todo eso?

Es evidente que la ira tiene una relación con la agresión y el hecho de que la agresión se considere un instinto o un aspecto de la cultura tiene una relevancia esencial en la educación. Nunca pensamos en la agresividad en si, trabajando y educando de una manera un tanto estereotipada, pero si asumimos consistentemente la suposición de que somos agresivos, por lo que no podemos no serlo, podemos mediar, incluir una adecuada educación emocional y no excluir una emoción y su energia. Quizás deberíamos imaginar en la familia y en las escuelas una educación especifica a la ira, una educación que no solo tenga en cuenta una educación continua y enfática por la paz, sino que haga comprender la importancia de que existe la paz y también la “guerra”. Si habla con un niño que asume que está experimentando agresión en sí mismo, ¿qué significa decirle que la paz es lo único válido? Que está equivocado. ¡No! Todas las emociones tienen el derecho de ser sentida, por algo es que están allí. Tengo la responsabilidad de explicar que junto con el deseo y la tensión por la paz, también existe un empujón hacia la agresión. El niño tiene el derecho también de estar enojado y eso esta bien. Si seguimos afirmando que es justo estar en paz y el mal está en la agresión, le estamos diciendo al niño que una parte de él no es válida. Al no tener los medios racionales e intelectuales para contrarrestar o reafirmar algo en hacer que las personas reflejen otro tipo de verdad, se sentirán injustas, provocando que la agresión caiga en el mar del inconsciente y luego se gaste de manera diferente. Dos niños compitiendo por un rotulador, por decirlo al estilo de Konrad Lorenz, tendrían más derecho a jugar en esos términos para conocer una realidad natural más adecuada para ellos mismos. Cuanto más un niño pueda entrar en contacto con esa dimensión, más se reconciliará con ella, así como un adulto. 

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