Porque el trabajo remoto reduce la creatividad

Más allá de las dudas relacionadas con los efectos de la pandemia, una de las preguntas más frecuentes por parte de empresarios y gerentes a nosotros, consultores de organizaciones, en este momento, es: el trabajo remoto, en la modalidad smart working, que todas las empresas italianas han tenido que adoptar tras la pandemia, es ¿Está reduciendo o mejorando la productividad empresarial?

Quien me conoce sabe que estoy a favor del smart working para dinamizar la cultura de la flexibilidad laboral, de hecho aunque la situación actual de muchas empresas es nada menos que dramática, la productividad individual no está disminuyendo trabajando de forma remota, todo lo contrario, en muchos casos incluso está aumentando, al menos en el sector privado.

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Parece ser una excelente noticia, con mucho efectos positivos en cuanto a tiempos de transporte reducidos, mayor compatibilidad casa-trabajo y empoderamiento individual. El menor uso de los días de enfermedad y el ausentismo que se produce en casi todas partes del mundo a menudo se cita como un indicador de buena salud en la relación empresa-empleado.

Sin embargo, se registra una disminución progresiva pero significativa en el nivel de compromiso de los empleados y su capacidad para crear innovación. ¿Por qué? La investigación científica, pero también la experiencia en consultoría de primera mano, están poniendo de relieve la doble realidad: por un lado, muchos empleados, aunque en promedio satisfechos de poder trabajar de manera más flexible, corren el riesgo de perder la identificación con la empresa y con su trabajo, con el riesgo de perder motivación y lealtad.

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Por otro lado, la reducida vida de oficina está reduciendo los intercambios humanos, vale a decir las oportunidades para trabajar junto con compañeros en actividades más creativas, más deconstruidas, más interactivas. Todas las actividades que precisamente necesitamos para crear innovación, desarrollar creatividad e incrementar, tanto en términos de producto y proceso.

Tanto el compromiso como la innovación dependen directamente de la frecuencia e intensidad de las interacciones humanas. Eso significa que necesitamos contactos reales y sabemos que frecuentemente las reuniones virtuales son demasiado frías, demasiado estructuradas, demasiado centradas en el contenido y demasiado poco en las relaciones y las emociones.

Eso pasará

Muchos gerentes consideran que el problema desaparecerá con el fin de la pandemia, pero yo pienso que no. La adopción de algún nivel de trabajo inteligente o remoto se convertirá casi con certeza en un elemento estructural de nuestra forma de trabajar. Otro inconveniente respecto a la situación es que estos fenómenos son difíciles de medir, al menos a corto plazo, y por lo tanto, el riesgo es abordar el problema demasiado tarde, cuando el daño ya está hecho es elevado.

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La solución

Si no podemos medir los efectos del smart working, una alternativa es medir sus precondiciones. Podemos desviar la atención a los factores que estimulan y habilitan los procesos de motivación, creatividad e innovación.

En practica podemos:

👉🏼 Introducir reglas y prácticas que alienten a los empleados a ir a la oficina especialmente para realizar actividades en equipo, en lugar de permitir que las tareas individuales se lleven a cabo de forma remota. Esto significa que una vez superada la pandemia, debemos repensar las oficinas, especialmente como lugares de encuentro, evitando espacios preasignados, separados y exclusivos e invirtiendo en su lugar en salas de reuniones, espacios de agregación, muebles móviles y rincones recreativos, es decir, introducir más sofás y menos escritorios y sillas.

👉🏼 Invertir habilidades de colaboración virtual, capaces de emular de manera efectiva una reunión cara a cara, capacitando os colegas menos acostumbrados.

👉🏼 Aumentar la frecuencia de los momentos de comunicación y retroalimentación con los equipos. Hasta antes de la pandemia sugería con frecuencia realizar una reunión semanal, por ejemplo too los lunes, para actualizarse. 

En este contexto puede ser útil el uso sistemático de encuestas que incluyen puntos de clima y "comentarios", para mantener una alta atención a las percepciones de los empleados y difundir una mayor cultura interna del cliente.

👉🏼 De manera similar, impulsar los objetivos de equipo y colaboración puede representar un antídoto efectivo contra la tendencia a trabajar solo que inevitablemente provoca la remotización.

En resumen

Mediante la introducción de una atención gerencial sistemática a los factores que permiten la innovación, la creatividad y el compromiso, podemos pasar de una lógica reactiva a una preventiva. Incluso es probable que de esta forma, además de gestionar un riesgo, consigamos una auténtica movilización de las mejores energías organizativas. Si se gestiona bien, la alternancia de momentos en la oficina con otros de forma remota podría convertirse en el mejor de los mundos posibles, reforzando la gran revolución con respecto a lo que se conocía hasta ahora. 

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