¿Qué esperar de nuestra salud luego del confinamiento?

Síguenos
0
20

Mucho se ha dicho sobre los efectos vigentes en la salud física y mental que tiene el aislamiento sobre nosotros, sin embargo necesitamos estar conscientes de su potencial para causar secuelas que continúen afectando nuestro bienestar luego de pasada la crisis actual. Es en este marco conoceremos las posibles consecuencias en el tiempo que pueden tener las condiciones presentes y cómo evitarlas.

Las alteraciones tanto sanitarias como sociales que aparentemente han estado presentando mayor incidencia en estos momentos de confinamiento están estrechamente relacionadas con la adaptabilidad y las modificaciones al estilo de vida, nadie queda exento de tener que adoptar una nueva manera de vivir su cotidianidad. En un intento de enumerar estos padecimientos podríamos mencionar un grupo de ellas, las cuales  funcionan como raíz:

  • Ansiedad.
  •  Insomnio.
  • Eating Jet Lag: descontrol de los horarios de comida.
  • Polifagia: aumento del apetito y la ingesta alimentaria.
  • Golpe económico.
  • Disminución de la actividad física.
  • Disminución Vitamina D.

La ansiedad es un estado de alerta generado por un sentimiento de peligro desproporcionado que sobrepasa nuestra capacidad resolutiva al mismo, su permanencia en el tiempo puede generar consecuencias importantes en nuestra salud mental como lo es la instalación de un  Trastorno Afectivo de Ansiedad. 

Es inevitable no ´´contagiarse´´ de ansiedad en estos tiempos, por lo que, es de suma importancia conocer las vías de manejo ante las crisis que puedan estar a nuestro alcance. Motivo por el cual es aconsejable realizar los ejercicios incluidos dentro del Cuaderno de escucha corporal meditativa diaria como también seguir las recomendaciones proporcionadas en el programa Todo Saldrá Bien.

La higiene del sueño está siendo francamente maltratada en el encierro, la interrupción de nuestra rutina, la búsqueda constante de entretenimiento (comúnmente encontrado a través de una pantalla), el cese violento de nuestra dinámica; ha desencadeno un descontrol en nuestro descanso, tan necesario para el mantenimiento de la salud mental y el equilibrio sanitario. 

Las consecuencias pueden presentarse a causa del insomnio y de los maltratos al descanso en general, van desde efectos evidentes en el estado del ánimo y la afectividad, manifestándose en una tendencia a la irritabilidad y proclividad a episodios depresoides. Además, de que la perturbación del sueño y el descanso compromete seriamente a largo plazo la conservación de la memoria y nuestro rendimientos físico e intelectual. Poniéndonos de esta manera en el peligro, que en un futuro inmediato, mostremos signos de deterioro cognitivo, como lagunas mentales y enlentecimiento, muy encontrados en las causas de accidentes de topo tipo.  Continuar con una mala higiene en el descanso nos lleva incluso a situarnos dentro del riesgo de padecer enfermedades como el Alzheimer.

El impacto del encierro en nuestro ciclo circadiano y las ´´pautas prusianas´´ que conocíamos, ha devenido en uno de los fenómenos más concurrentes: el denominado ´´Eating Jet Lag´´ que en su traducción conceptual al español se refiere al descontrol cronológico de las comidas. Considerado como un factor de riesgo para el aumento de peso, el descontrol de nuestros horarios de comida influye directamente en nuestra afectividad. Tomando en cuenta que el tiempo de comida debería representar un espacio de relación con lo que nos rodea y con nosotros mismos, sobretodo, el modificar el ´´ritual´´ que significa cada tiempo de comida en tiempos extraordinarios conduce a una desconexión relativa de la realidad y nos desvincula, aún más de lo que ya estamos, provocando un estado desequilibrio mental y emocional significativo.

El aumento del apetito y de la ingesta alimentaria, también conocida como ´´Polifagia´´ es otra de las preocupaciones más frecuentes por los individuos que se encuentran en situación de encierro. El impulso de comer demasiadas veces al día o en cantidades mayores a las que solíamos ingerir, puede responder a diversos factores, en este caso sería propicio concentrarnos en el papel fundamental que desarrolla nuestra psique. Una de las conductas más repetitivas es el hecho de comer en un intento de llenar los espacios inmateriales sobre los cuales no tenemos control: el tiempo, los silencios, y acabamos llenando entonces lo que si podemos ´´controlar´´, nuestro estómago.

Sobre este tema lo que más inquieta a los individuos es el riesgo del aumento de peso, lo cual es correcto, sobre todo porque el aumento excesivo de peso supone un factor crucial para el padecimiento de  otras afectaciones a la salud. El cuerpo es sabio, al sentirse en peligro inminente una de sus posibles respuestas es aumentar su volumen para poder ´´aguantar´´ los golpes de una agresión. La obesidad y el sobre peso pueden devenir en enfermedades tan graves como lo son la Diabetes Mellitus tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, de igual relevancia interviene en nuestro sistema inmunológico afectando la correcta circulación sanguínea, necesaria para la nutrición celular y el restablecimiento de nuestras defensas.

Debido al cese de las actividades de toda clase, uno de los factores sociales que más trascendencia ha tenido en todos los ámbitos es el golpe violento que sufre la economía y el desencantador pronóstico que se nos ofrece al respecto, a nivel mundial. Sin lugar a dudas, una de las repercusiones más notorias  a la salud  que conlleva esta situación es a la aparición y aumento exorbitante del estrés, ya que supone un factor de riesgo crítico para la presentación de enfermedades tan serias como lo son los Accidentes Cerebrovasculares (ACV), enfermedades cardiovasculares (Hipertensión Arterial, ateroesclerosis) y la inclinación a sucumbir al uso de hábitos tóxicos, los cuales intensifican la vulnerabilidad al suponer  por sí mismos un factor de riesgo.

El no poder salir de casa, aunque anteriormente no hayamos sido unos atletas, reduce considerablemente nuestra actividad física, los espacios cerrados que habitamos están diseñados para el descanso y esto induce a que mecánicamente lo ocupemos para este fin. A más de tener un efecto directo con la conciliación del sueño y el equilibrio emocional por su producción hormonal de dopamina y serotonina, mantener una actividad física adecuada nos ayuda a prevenir la atrofia muscular, la cual es una de las principales consecuencias a nivel esquelético que nos brinda el encierro.

La poca exposición que tenemos a la luz solar en estos días nos conduce a una disminución de vitamina D, que se traduce a la salud en diferentes formas. Uno de los beneficios más conocidos sobre la vitamina D, es su contribución a la absorción de fósforo (elemental para la conservación de la memoria y la buena concentración) y calcio (esencial para el mantenimiento de los huesos y la conducción cardíaca). Sabiendo esto, podemos deducir que uno de los grupos más necesitados de esta vitamina son los infantes, mujeres y los envejecientes, ya que previene la llegada de enfermedades como el raquitismo (en los infantes), osteoporosis (en mujeres) y deterioro general del sistema osteoarticular y nervioso.

En vista de las repercusiones a mediano y largo plazo que pueden llegar a tener las condiciones en las que nos encontramos actualmente, es próspero evitar su padecimiento, para lo que ello la Academia Española de Nutrición y Dietética, y el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas – Nutricionistas, promueven las siguientes recomendaciones:

  1. Buena hidratación.
  2. Consumir 5/+ frutas / hortalizas al día.
  3. Elegir el consumo de productos integrales y legumbres.
  4. Elegir el consumo de productos lácteos (bajos en grasa).
  5. Consumo moderado de alimentos de origen animal.
  6. Elegir el consumo de frutos secos, semilla y aceite de oliva o vegetal.
  7. Evitar alimentos pre cocidos y comidas rápidas.

En este mismo sentido la Sociedad Española del Sueño nos invita a tomar en cuenta las indicaciones a continuación:

  1. Realizar 30 minutos de ejercicios al día.
  2. Mantener rutinas similares a nuestra cotidianidad pre aislamiento.
  3. Crear un balance: realizar las actividades más demandantes durante el día (preferiblemente en la luz solar) e ir reduciendo hasta llegar al reposo nocturno.
  4. Conseguir de 7/8 horas de sueño al día
  5. Exponerse a la luz del sol una vez al día.
  6. Rutina horaria para la alimentación (evitar excitantes y horarios extremos)
  7. Evitar la exposición a pantallas dos horas antes de dormir.
  8. Dormir a oscuras.

Sabiendo esto, podemos entonces llegar a la conclusión de que el momento histórico que vivimos está manifestándose en nuestra salud diariamente provocando consecuencias que pueden agravarse en el tiempo tanto física como emocionalmente, por lo que debemos actuar preventivamente y a tiempo.

Síguenos
0
20

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *