¿Te gusta lo que ves en el espejo? Empieza a gustarte

¡Qué esfuerzo buscar la aprobación de todos! ¿Te gustas? Gustase, aceptarse, amarse es un proceso gradual, que se aprende día a día.

Creemos que es obvio amarse a uno mismo, pero la verdad es que está lejos de ser una conclusión inevitable. “La tarea principal en la vida de todos es darse a luz a uno mismo", escribió Erich Fromm, psicoanalista, escritor y sociólogo alemán, sin embargo no sabemos en muchos casos cómo hacerlo. Así como ocurre con nuestras fotografías: las miramos y luchamos por reconocernos. “Que gorda!” “que flaca” “ que fea” “que bella” “que …. “ Según un estudio realizado en la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, esta sensación de extrañeza y critica está relacionada con los recuerdos y la imagen que construimos de nosotros mismos a través del espejo, un objeto al que a menudo nos acercamos con hostilidad.

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Sí, porque vamos a ser sinceros/as lucir bella no siempre es algo natural. Estamos más acostumbrados a notar nuestras imperfecciones fisica y emocionales que a poder ver nuestras fortalezas. Sin embargo, sin el coraje de encontrarse con uno mismo auténticamente, es imposible tener éxito y felicidad, porque significa dar la vuelta al mundo sin dejar de sentir una sensación de precariedad e inseguridad costante.

Cuando de niños recibimos los primeros halagos y las primeras críticas, comenzamos a mirar lo que somos desde un punto de vista externo. La construcción de la autoimagen continúa con la adolescencia, un período complejo donde la necesidad de confrontar y encontrar referentes fuera de la familia se convierte en una necesidad imperiosa.

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La búsqueda de uno mismo continúa en la edad adulta, incluso si a menudo las experiencias mas o menos traumáticas moldean de manera indeleble la forma en que nos aceptamos o no aceptamos a nosotros mismos, la relación con nuestro cuerpo y las personas que creemos que somos.

¿Cómo podemos empezar a enfocarnos activamente en el verdadero yo? Aquí está el primer punto en el que pensar: lo que crees que eres ... es justo lo que has pensado que eres ahora. Si queremos vivir en el presente y tener nuevas oportunidades para el futuro, aquí es donde debemos empezar: hoy no somos las mismas personas que éramos hace un año o diez.

Cuando nos miramos con los ojos del pasado, en lo que fuimos, o con la mirada en el futuro, en lo que nos gustaría ser, partimos de una desventaja y nos fijamos en una imagen distorsionada. Depende de nosotros, de ti, de mí, dirigir la mirada hacia más alla, elegir ir audazmente hacia un horizonte diferente y en lugar de caer en la trampa del callejón sin salida, crear una nueva relación con nuestro cuerpo, con la vida y con el tiempo.

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Hemos vivido, luchado, sobrevivido hasta ahora y todavía nos pasamos la vida peleando contra nosotros/as mismos/as, pero muy poco es el tiempo que dedicamos a darnos cuenta de la belleza que tenemos adentro.

La belleza está en tu centro, empieza a tener esto en cuenta. Esto a veces significa tener que decepcionar las expectativas de los demás, incluso de los que te aman: es el precio a pagar por mantenerte fiel a ti mismo/a y a lo que crees. No es fácil y muchas veces tenemos miedo pero este es el paso hacia el crecimiento, porque no nacemos fuertes y valientes, aprendemos a serlo gracias a las decisiones que tomamos diariamente. 

En los últimos años, el tema de gustar a uno mismo ha dejado de ser una prerrogativa puramente femenina para extenderse también al mundo masculino, que ha comenzado a reivindicar el deseo de agradarse y gustarse a uno mismo. Este placer pero nunca será puramente físico, porque pasa por la necesidad de encontrar nuestra imagen más allá del sexo, la comparación y los cánones imperantes: la aceptación de una belleza libre, fuerte, única, incomparable e inconfundible como lo es todo el mundo. 

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¿Cómo lograrlo? Preguntate: ¿Qué puedo hacer por mí mismo ahora mismo? Aquí está la pregunta que abre la puerta a nuestras necesidades profundas, a las necesidades del presente. Escuchando con atención podemos entrar en contacto con nuestras voz auténtica, la que observa cómo somos por dentro y que conecta con las emociones mas profundas.  Para habitar nuestro mundo interior y nuestro cuerpo, necesitamos detenernos, cuidar el espacio en de la relación con nosotros mismos, manteniéndolo limpio, cuidado, llenándolo de color e inspiración. Si cocinas, lo haces con implicación, y después dejas limpio el espacio. Vive en un espacio con orden. Si ayer tuviste una conversación desagradable con alguien, te imaginas que la quemas y desaparece en cenizas. Suelta los hechos pasados. Haz las cosas de una en una. Primero estudia, después whattsappea hasta el éxtasis y luego deja el móvil a un lado y respira el aire que entra por la ventana.

Cuando comenzamos a ocuparnos de este espacio, descubrimos cómo encontrar nuevas fuerzas y curar heridas. Luego, sucede que sanamos las cicatrices dándonos la oportunidad de crear una maravillosa obra de arte con nuestra vida. 

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