Tomar decisiones: la postergación

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¿Cuántas veces hemos postergado?
Todos los días tenemos muchos compromisos y a menudo posponemos al día siguiente. Para algunos es un hábito, para otros una estrategia. Sin embargo, muchos piensan que "posponer" es un vicio debido a la pereza, o la falta de determinación en tomar acción, aun cuando se considere importante.
La procrastinación no está conectada exclusivamente a nuestra motivación, sino también a nuestra esfera emocional, ansiedades y miedos. La elección de postergar nos permite evitar, al menos temporalmente, una situación potencialmente difícil. Es una acción consciente a través de la cual queremos postergar lo que percibimos como desagradable o incomodo. De hecho, lo comunicamos a menudo cuando nos decimos: " Lo haré después … ", " No tengo toda la información necesaria para hacerlo ", " Lo haré más tarde cuando me sienta mejor " y muchos más afirmaciones similares.
Detrás de la postergación están latentes nuestros temores, nuestra necesidad de perfeccionismo y, por lo tanto, el temor de fallar y equivocarse, de no realizar una tarea al 100% de manera adecuada.

¿Entonces, por que postergamos?
Por un lado posponemos para evitar posibles fracasos u si nos equivocamos, posibles éxitos; por otro lado, nos vemos obligados a posponer cuando no queremos tomar decisiones, y de esta manera también evitamos asumir responsabilidad.
El estudiante universitario que pospone continuamente un examen puede ser un ejemplo. Quiere estar seguro de estar bien preparado y superarlo. Eso es lo que dice para justificar su espera, aun que en realidad se siente dominado por la ansiedad y la inseguridad.

La conexión entre procrastinación y rechazo a la responsabilidad es frecuente en las personas adultas. Existe un conflicto entre placer y deber, cuando se postergan cotidianamente rutinas como limpiar la casa, pagar cuentas, regar el jardín para salir con los amigos, chequear el Facebook u jugar con el PlayStation. Junto a esto la persona acumula sentimientos de ineficiencia personal por la sensación de vivir en forma desorganizada. Postergar puede ser también una manifestación de rebelión. Es un rebelión infeliz porque se actúa solo para defenderse y no doblarse a la voluntad externa: no quiero crecer!

Cuantas veces dijiste “no tengo tiempo”. En verdad es una frase que usamos muy a menudo como sinónimo de “no quiero hacerlo”. Es difícil admitir a nosotros mismos que no queremos porque conlleva tomar la responsabilidad: no quiero realmente estudiar medicina, no quiero irme a vivir en Canada u no quiero separarme de mi esposa. Cuando debes tomar decisiones y nunca encuentras tiempo para la acción, pregúntate: es lo que yo quiero?

¿Que podemos hacer?
La solución ideal esta siempre en el equilibrio, significa negociar con la realidad. Si seguimos postergando podríamos correr el riesgo de llegar a un proceso autodestructivo. porque podemos tener una vida llena de nosotros mismos, pero sin compromisos estará vacía de los demás.

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