Vacuna, ¿derecho o deber?

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Con un imperfecto sentido de posibilidad, el debate gira apropiadamente sobre el tema de las posibles consecuencias de la falta de vacunación. ¿Vacunarse o no vacunarse?

Aclaramos algo, las decisiones que las personas toman sobre su salud se basan en motivaciones individuales y no colectivas; por otro lado la vacunación es un instrumento de protección a la vez individual y colectiva y por lo tanto requiere un enfoque diferente al resto de propuestas de prevención. Esta diferencia necesita un espacio para la reflexión y la escucha.

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Vivimos en una situación de aparente contradicción. Por un lado, ahora somos intolerantes con las medidas restrictivas impuestas para mantener bajo control los números de la pandemia y estamos ansiosos por deshacernos de ellas. Por otro lado, sin embargo, una parte sustancial se muestra escéptica ante lo que, aunque no de forma inmediata, parece ser la posibilidad más concreta de recuperar la posesión de nuestra vida: la vacunación.

La emoción que acompaña una elección mas o menos racional sobre la posibilidad de inocularse la vacuna contra el covid 19 es el miedo. Un factor importante si consideramos que esta misma emoción es la que nos ha acompañado en la historia evolutiva y nos hizo llegar a ser quien somos hoy en dia. 

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Así que ¿Si tengo miedo de vacunarme, porque debería hacerlo?

Si el miedo está involucrado, es una cuestión emocional y es allí, por lo tanto, donde se debe jugar el juego es a nivel emocional. Puede parecer una paradoja, pero es necesario tocar la “barriga” de la gente para mover su racionalidad: la evidencia científica no es suficiente, necesitamos construir un diálogo para asegurar que confiar en la vacuna es una decisión independiente de la gente.

Esto significa no solo enumerar datos técnicos y temas, sino trabajar en la confianza. Un elemento fundamental que se relaciona con la confianza en el tema de la vacunación, en este sentido, es la confianza en los profesionales de la salud. Los profesionales del sector no deben actuar como “maestros” que dan “lecciones" sobre vacunas, sino traer datos y fuentes para sustentar de lo que están hablando, para que la percepción de quienes los escuchan no sea la de estar ante resultados que no pueden evaluar, por lo contrario, el objetivo debería ser entregar fuentes disponibles de las cuales todos podamos extraer ideas claras. Es muy importante tratar de brindar herramientas de pensamiento crítico a las personas que aún tienen dudas sobre las vacunas, en lugar de obligarlas a tomar una decisión inconsciente.

Si en este contexto emocional añadimos mensajes de catastrofismo ("¡¡¡nada volverá a ser igual !!!"), si el mundo de la investigación tiene dificultades por encontrar lenguajes coherentes y unívocos, y las instituciones luchan por desarrollar planes de vacunación creíbles y eficientes, se crea una condición de inseguridad generalizada que inexorablemente termina fortaleciendo condiciones psicológicas de vulnerabilidad, miedo, y termina propiciando un cortocircuito que dificulta la objetividad dando espacio a la incertidumbre, aumentando la percepción de riesgo y miedo.

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También debe tenerse en cuenta el temor a la inyección en un cuerpo sano de material "impuro", patógeno y contaminado. El miedo arcano a la contaminación que acompaña toda la historia de la práctica de la vacunación, que también ha contaminado a grandes intelectuales como Kant y Rousseau. Es el temor de que la vacuna sea en realidad un agente patógeno y esto crea angustia. Con el tiempo, uno se vuelve fatalista, olvidando que simplemente no vacunarse lo expone al mayor riesgo de enfermedad.

Si el sustrato cognitivo, emocional y relacional del que surgen la vacilación y el miedo es el descrito anteriormente, se sigue la absoluta necesidad de amortiguar los tonos excesivamente ruinosos y pesimistas, para centrarse en las comunicaciones sobre cuestiones científicas y clínicas, que sin negar las divergencias, son capaz de enfatizar visiones confluentes y sinérgicas y finalmente encontrar espacios de comunicación más adecuados a la seriedad de los temas y la gravedad del momento, libres de cualquier intención de hacer un espectáculo.

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